
Esta noche, he visto a la luna tan hermosa… que me quedé mirándola sin poder apartar mis ojos de ella. Tenía una aureola de luz que ensalzaba su magnetismo. Debajo, una alfombra de nubes alargadas y compactas realzaba su silueta.
Yo, sola, en una parada solitaria de autobús, ella esplendorosa allí arriba, en el cielo, majestuosa como una reina. Las nubes pasaban veloces a su lado. Algunas de ellas le servían de podium realzando su hechizo, otras la cubrían unos instantes con su transparente manto: en esos momentos se perfilaba su maravillosa silueta llena de misterios y sombras. Después, volvía a aparecer como una diosa en su reino de luz: parecía que danzaba en la noche al son de la melodía más bella como tan solo los enamorados pueden escuchar y sentir.
Yo, sola, en una parada solitaria de autobús, ella esplendorosa allí arriba, en el cielo, majestuosa como una reina. Las nubes pasaban veloces a su lado. Algunas de ellas le servían de podium realzando su hechizo, otras la cubrían unos instantes con su transparente manto: en esos momentos se perfilaba su maravillosa silueta llena de misterios y sombras. Después, volvía a aparecer como una diosa en su reino de luz: parecía que danzaba en la noche al son de la melodía más bella como tan solo los enamorados pueden escuchar y sentir.